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miércoles, 1 de mayo de 2013

Cuento "Los dos compadres"

Los dos compadres.


Les dejo este cuento con mucho cariño para todos ustedes.

Cuento andino

Cuerdas de Charango.

Desde la época de la colonización española en el continente Americano, en lo más profundo de las tierras de las nieve latinas, adentro de los Andes Americanos, corre la vieja historia de “José el Charanguero”. Dicen que cuando el viento dominaba la blanca cordillera, existió un hombre con un don especial para hacer música de la nada llamado José. Ante los nuevos inventos de los españoles, José se dio a la tarea de fabricar su propia guitarra, que fuera capaz de llegar al corazón de los hombres y que además permitiera sacar más notas que las dadas por las pocas cuerdas de la guitarra. Fue entonces cuando José fabricó “El Charango” provisto de tantas cuerdas como dedos tienen las manos del hombre y mas pequeño que la guitarra, permitiendo con esto que José pudiera llevarlo a las montañas mientras cuidaba a su rebaño de llamas. 

En las tardes tocaba con delicadeza su instrumento logrando que las notas llegaran a los cañones más apartados y logrando que los inmensos colosos de tierra se enamoraran profundamente de José y su “Charango”, mientras que las llamas pastaban al son de las divertidas canciones de José. El viento celoso del talento del joven, lo maldijo a él y a su “Charango”; y mientras José tocaba el viento empezó a soplar con mas fuerza, con la intensión de bien romper el instrumento de canciones infinitas o dejar a José inmóvil y con sus dedos congelados por la fría brisa que le azotaba; el viento soplo con furia y las gentes al ver lo que pasaba se colocaron alrededor de la montaña para ver aquel encuentro entre el viento y José y su “Charango”.

 Finalmente el viento logró romper un acuerda del “Charango”, pero esto no fue impedimento para que José siguiera tocando con las nueve que le quedaban, y a medida que el duelo se ponía mas intenso una a una las cuerdas del “Charango” se rompían dejando en el suelo apenas unos hilachos de lo que fueran las cuerdas de los fastuosos sonidos. Pronto José se vio exhausto; de su frente resbalaban gotas de sudor, mientras el sol implacable quemaba su piel en lo más alto de la montaña; al mismo tiempo sentía que las heladas corrientes le partían los huesos; cansado y con tan solo una cuerda, persistió en su empeño, y de esta solitaria cuerda saco cientos de notas y entono docenas de canciones. El viento redoblaba su fuerza, y el “Charango” fue perdiendo ahora su madera; pero José resistía y hacia frente con melodías de tonos entrañables y músicas de colores infantiles. Sin embargo era tanta la fuerza del viento que la última cuerda rompió, al igual que lo hicieron las esperanzas de las gentes por ver a uno de los suyos imponer su talento ante un ser tan poderoso como el viento andino. Todo el pueblo cayó en la mirada y se retiró en silencio. Pero la música seguía sonando y no se sabía de donde provenía, ¿Cuál era el instrumento que ahora tocaba?, nadie lo podía ver.

José, observando atónito todas las cuerdas de su “Charango” rotas en el suelo, no tuvo mas remedio que tocar sus propios dedos y estos se empezaron a alargar y su pequeño cuerpo se hizo duro y reluciente, y poco a poco, todo su espíritu se entregaba al alma del charango. Concentró su postrer mirada en el horizonte mientras sus dedos convertidos en cuerdas trinaban en un aria eterna, y su cuerpo adquiría la forma de curvas pronunciadas e incitantes. Fue tan fuerte la melodía, que el viento acepto su derrota y se refugió en lo mas profundo del cañón, pues había sido vencido por José, el famoso charanguero. Del talentoso joven no se supo más; algunos dicen que la montaña lo robo para si, y de esta manera sentir la música de José desde lo profundo de sus entrañas. Desde entonces cuentan las lenguas de los Andes, que en las tardes, ante el sol imponente, cuando el viento sopla con fuerza, y las Llamas pastan en las montañas vestidas de blanco, se puede escuchar una melodía en las cuerdas de un charango, apaciguando y recordando al viento que una vez fue vencido.

Poema: Radiografía del juego.

En este mes tan romántico me ha llegado este otro poema a mi mente, creo. Espero les agrade.

Radiografía del juego.

Las diosas me piden las cartas del juego.
Como un tramposo escondo el az.
la baraja dispuesta, la derrota escrita 
y ya he muerto.

No volveré a reír
el último respiro será 
un epitafio vació.

Se lanzan los dados,
para el primer turno, pongo.
Despues tomo la carta y
aparece tu foto.

La dejo para mi ruleta
y al girar, el círculo alado,
me recuerda mi propia caminata.

Perdi.
No me llevo nada
ya no tengo que poner.
desnudo, 
decido jugarmela nuevamente.

Otra carta,mi foto
esa es la elegida.
Me la juego toda, 
y ahora,
ya no tengo que perder.


La vida me mostró un camino, 
Pero las palabras vienen y se van.
Levitan sin rumbo.



Adiós.
Dejo, no. No dejo.
Escribo, dejo lo escrito.



.



Poemas en el mes de la madre.

Como llego el mes de las madres me ha llegado de repente una agonia en el pecho, un nudo en la garganta, una presión en el alma que solo puede salir con la poesia, ese arte supremo solo abierto para unas cuantas pocas mentes, de las cuales este servidor, dista milenios en acceder. Este intento espero les agrade.

Desde el dolor del entierro.

Hoy que ya no caminas entre los vivos pensamientos de mi mente
Hoy que tu cuerpo yace al lado de los despojos de otros
Tu cuerpo marcha hacia el abismo infinito de mi olvido

La memoria del mundo te sepultará
y allí quedaras hasta el día del juicio 
cuando se rectifique tu nombre en el libro del destino.

Aparecerás atada como carnal, 
No podrás ver más la luz del día
y perderás las gracias de la inteligencia.

Vencida serás por el pasado,
Anclada a una isla de recuerdos llorarás la derrota
Serás la sirena que guíe a los barqueros 
Por el distante mundo de los sueños

Este será tu epitafio en arena y mar
Sin luz, ni gaviotas,
y el ron ardiente encenderá las plegarias 
para que descanses en paz 

Te despido desde este 
Mundo de tribulaciones
De despojos y sombras


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